miércoles 24 de agosto de 2011
a thousand miles
Yo llevo la música a todo trapo y por eso creo que no es a mí a quién saludas. Me quito uno de los cascos y te digo hola. Mierda. ¿Le conozco y no me acuerdo? Me doy la vuelta segundos después y te estás riendo, aunque no consigo saber por qué. Me entra la risa tonta y me escabullo detrás de la columna. No soy bueno con el cara a cara. Definitivamente no te conozco de nada. Me pongo a lo mío y te veo acercarte. ¿Se supone que me tengo que quitar los cascos otra vez? Te miro a través del espejo y nos encontramos por dos segundos. ¿Cuántos años se supone que tengo? Te acercas y me dices que necesitas unos guantes como los míos, ya que tienes las manos hechas polvo. Yo te digo que son bastante recomendables. Te vas a por agua y yo me fijo en tu carnet de socio que has dejado tirado en el suelo. Llego a casa. Meto tu nombre en Facebook y me aparecen decenas de perfiles. Lo introduzco de nuevo metiendo el nombre de este pequeño pueblo y sólo me aparece un niño de doce años. Vuelvo a la primera búsqueda. Me salen decenas de tíos que se llaman como tú, pero la verdad es que no recuerdo bien tu cara, por lo que puedes ser cualquiera. Desde el actor que vive en un pueblo cercano al estudiante de derecho que aparece bebiendo mojitos en su foto de perfil. Vuelvo a meter el nombre de este pequeño pueblo. Me encuentro con el niño de doce años. Me quedo un rato mirando la foto y prometo que si me encuentro al crío algún día en la biblioteca, en el Tesco o en la cola del tren, volveré a la misma hora de hoy e intentaré buscar un Ying-Yang tatuado en un brazo izquierdo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)